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Redacción Clarín. Por Julieta Fantini. Lic. en Psicología, psicoanalista.
Pequeña reseña sobre esta nota que habla de la serie Envidiosa, publicada en Clarin.com
«En silencio, Vicky sufre envidia cada vez que sus amigas se casan antes que ella. Harta, antes de cumplir 40, le da un ultimátum a su novio de toda la vida: o se casan, o lo deja. Pero nada resulta como esperaba y Vicky intentará rearmar su vida, buscando un nuevo hombre para concretar su sueño de casarse, sin saber que en este viaje, más que un hombre, se encontrará a sí misma», podemos leer en la sinopsis oficial compartida por Netflix.
En la serie la envidia es exagerada hasta volverla casi caricaturesca, pero justo ahí acierta. La protagonista aún con todo su sufrimiento niega lo evidente y se enreda en sus vínculos. ¿Quién no recuerda algún amigo, compañero de trabajo o familiar así?… ¿O acaso uno también puede verse reflejado, al menos por momentos?
Oscila entre el humor ácido, otros podrían decir el drama, y situaciones cotidianas. Aborda temas como la envidia, la presión social, la búsqueda de la felicidad y la importancia de ser uno mismo, por ello ha provocado una gran identificación entre el público, especialmente con Vicky, su protagonista. Como señala la psicoanalista Julieta Fantini, resulta sorprendente que una emoción socialmente tan rechazada como la envidia sea precisamente la que genere una conexión tan profunda.
A través de su espacio en redes sociales (@cuestionartearg), Fantini indagó sobre esta identificación y recogió comentarios de sus seguidoras que reflejan los mandatos que atraviesan la vida de muchas mujeres: “Sentir que sólo seré feliz si tengo pareja” o “no escuchar su deseo con tal de cumplir el mandato social”. La autora remarca que estos mandatos, que incluyen heteronormatividad y expectativas de pareja, matrimonio e hijos, muchas veces obnubilan el deseo propio: “El deseo siempre es el deseo del otro”, cita Lacan. La serie pone en escena este trabajo de análisis, interno, de separar lo que es propio de lo que proviene de la sociedad, la familia y los otros.
El artículo también reflexiona sobre la universalidad de la envidia, todos la sentimos, desde la infancia, ante lo que otros tienen y nosotros no. Fantini recoge testimonios que muestran esta experiencia cotidiana: “la comparación constante con el resto, sentirme no elegida en muchas situaciones”, “Creer que lo que tiene el otro es mejor que lo mío y darme cuenta que en realidad es disconformidad con lo propio” o “Sentir que todos pueden y yo no”.
El desafío, concluye la autora, no es negar la envidia sino trabajarla y elaborarla: “No es una ‘emoción negativa’, algo que tenemos que descartar y negar, sino más bien ponerlo a trabajar”. El espacio terapéutico se convierte así en un lugar libre de prejuicios donde esta emoción puede ser escuchada y comprendida, transformando su peso social en una oportunidad para el autoconocimiento y la reflexión sobre nuestros vínculos y deseos.
Hitzez Psikologia.