La muerte necesita rituales para ser elaborada. En una sociedad centrada en la productividad individual, el duelo complicado no es solo un creciente fenómeno clínico, sino un síntoma cultural.

Una mujer coloca flores sobre la tumba de una persona. Antonio Hugo Photo (Getty Images)
Les dejamos una pequeña reseña del artículo que se publicó en el periódico El País.
Habla sobre el duelo como una experiencia humana inevitable tras una pérdida, pero nuestra sociedad moderna que, centrada en la productividad, el rendimiento y la eliminación rápida del dolor, tiende a verlo como algo que “hay que superar cuanto antes”, o incluso como una anomalía que debe corregirse pronto. Esto me hace preguntar ¿Qué es lo que hay que superar con tanta urgencia?
Según el artículo, cuando el duelo no se transforma —es decir, cuando no se integra de forma flexible en la vida del sujeto— puede volverse persistente y complicado, afectando la capacidad de planificar el futuro y anclando el mundo interno en la búsqueda de lo perdido. Pero ¿Cómo hacemos para darnos cuenta que estamos entrando en este oscuro tiempo del duelo?
En el título se expresa un interrogante que es interesante para aclarar algunas cuestiones ¿por qué algunas perdidas se convierten en enfermedad?
Desde una perspectiva psicoanalítica, el duelo en sí mismo podríamos decir que no enferma. El duelo es una reacción humana esperable frente a una pérdida importante: una persona, un vínculo, un proyecto, una etapa de la vida. Implica tristeza, dolor, repliegue y tiempo para asimilar lo perdido. Todo eso forma parte de un proceso normal.
El problema no aparece por sentir dolor, sino cuando ese dolor no logra ponerse en palabras. Cuando lo perdido no puede ser elaborado psíquicamente ya sea hablado, llorado, simbolizado, el malestar necesita encontrar otra vía de expresión.
En esos casos, el cuerpo puede convertirse en un lugar de descarga. No porque la persona “quiera” enfermar, sino porque aquello que no pudo tramitarse a nivel psíquico busca una salida. El cuerpo habla allí donde la palabra no alcanza.
No todo sufrimiento puede decirse de inmediato. A veces, lo que no se logra elaborar como duelo se manifiesta como cansancio extremo, dolores persistentes, alteraciones del sueño, problemas digestivos u otros síntomas corporales, sin una causa médica clara.
Esto no significa que toda enfermedad tenga un origen psíquico, ni que el duelo cause enfermedades. Significa que, cuando el trabajo de duelo queda detenido, el sufrimiento puede desplazarse y expresarse de otro modo.
Por eso, para el psicoanálisis, acompañar un duelo no consiste en “superarlo rápido”, sino en darle un lugar a la palabra, permitiendo que aquello que duele pueda decirse, para que no tenga que ser el cuerpo el que cargue con lo que no pudo elaborarse.
Nuestra cultura actual muchas veces ofrece distracciones y soluciones rápidas (positividad, psicología exprés, medicamentos), pero no siempre proporciona los rituales, lenguajes ni espacios de contención necesarios para que el duelo pueda ser atravesado y transformar la subjetividad.
¿Cómo vivimos nuestras pérdidas en una cultura que quiere “seguir adelante rápido”, y qué necesitamos para permitir que el duelo nos atraviese sin quedar congelado dentro de nosotros?
Hitzez psikologia.