17 de abril de 2021

El psicoanálisis se sirve del relato, como la literatura de las psicopatologías de la vida cotidiana.

Publicado en la Revista Moebiana N66 Noviembre 2019 EFLA*. www.efla.com.ar/moebiana.html

“… la verdad tiene estructura de ficción…” J.Lacan

La literatura, las artes, las bellas artes, el cine, todas modalidades de expresión y de ficción, que nos hacen asequible las formas de decir “algo” esto es a disponer de otras estructuras del lenguaje. Ficción como ese dispositivo artificial de producciones que obsequia la posibilidad de establecer relaciones nuevas entre las palabras y las imágenes, entre las palabras y la escritura, entre un tiempo y un espacio. Tienen estas formas, el talento y las herramientas que hacen falta para crear objetos, experiencias, para crear la ilusión que conmueve a su público. Habilitan estas modalidades de expresión a las palabras, con el propósito de brindarle al autor los recursos para crear aquello que lo causa, que motiva el deseo de contar una historia, de escribir una novela, un guion, de cautivar con un cuento, etc. Qué de ideas sin hilvanar, consiga plasmar con lógica el bosquejo de aquellas primeras líneas que van materializándose, que dan vueltas y que más de una vez provocan desvelo. Pequeñas anotaciones que va apuntando como piezas de un rompecabezas para no olvidar.  

Quien escribe compone a partir de esas piezas sueltas fragmentadas a la espera de ser alineadas, quien relata se escinde de tal manera que en el vaivén inventa una realidad de ficción que lo aleja, pero que al mismo tiempo lo mantiene enlazado a su obra, con los restos de subjetividad que allí se filtran para dar cuerpo a lo que produce. Donde cada palabra es metáfora que se desplaza dando continuidad, para no decir sentido, eso corresponde ya, a cada sujeto que se aventura a ser intérprete, interlocutor.

Las diversas formas de expresión se concatenan en los significantes del lenguaje, esto nos permite pensar que, por ello, pueden engañar. Es decir, son artificios que permiten contar pudiendo enmascarar y velar lo trágico de lo real, hacer sonreír a través de la comedia el duelo que puede representar el horror de una perdida.

Estas, como otras categorías del género del arte, causan al encuentro como al desencuentro de aquello que a veces cuesta decir o entender. Hay autores que conceden mediante sus obras la ocasión para que el sujeto de su público pueda representarse aquello que no se anima ni a fantasear ¿Puede alguna de las más variadas formas de expresión ser refugio de autores, refugio de sujetos advenidos a la inconsistencia del lenguaje?  

Lo inconsciente se entrama en estas modalidades y las fantasías se enlazan en el “…como si…” de “Había una vez…” donde dicho enunciado desde el inicio augura la oportunidad de imaginar personajes y lugares de ensueños donde todo es posible que ocurra, donde es necesario que acontezca. De tal manera lo inconsciente se desliza sin más del Sujeto al Autor y de éste a la obra, tal como lo hacen las psicopatologías de la vida cotidiana en el momento en que irrumpen en la vida de nuestros analizantes, donde un saber no sabido comienza como a invadir no solo el estado de vigilia, sino que avanza en los sueños también. Este complejo entramado se sirve de las operaciones de la metáfora y la metonimia, para llevar adelante sus producciones, aunque no sin el motor del deseo, ni el empuje de lo pulsional.  

Ahora bien, ¿una obra se escribe, o mejor dicho se re-escribe? Aquello que suscita en el autor, va poco a poco apropiándose de un cuerpo lo que puede ser el lienzo de una pintura, las hojas de un libro, el sonido de una voz, “me hice canción[i]”. Eso qué causa se disfraza, como en los sueños, persuadiendo con palabras, desde una paleta de colores o tal vez como lo hace un actor cuando sale del vestuario al escenario, para dar su mejor función. La Cosa entonces vestida de Un cuerpo, se desliza entre líneas escondida de un libreto. Representaciones que conquistan las miradas y endulza los oídos dejando la pulsión expuesta a los ecos de un decir en el cuerpo espectador.  

Así como hay elementos que se entraman en el relato de un sueño, los componentes de una obra, ¿de dónde provienen? ¿el autor hace rodeos en busca del material de su obra para no caer en su propia novela familiar? El autor construye pieza por pieza su obra tanto a priori como a posteriori, al igual que el analista pieza por pieza deconstruye para volver armar la novela del paciente. Siendo así esa pieza que insiste ¿es posteriormente aquella que se repite como causa en el relato de un historial clínico? Si regresamos a la literatura ¿también para el Autor algo insiste? En más de una oportunidad en el relato clínico se lee en la repetición, la marca del sujeto en su singularidad, en la narración de una obra, en lo que de estas se manifiesta ¿se podría ubicar el punto que hace de rasgo para el Autor?

El Psicoanálisis y Literatura se sirven de los laberintos de una escena, de las formas poéticas y lúdicas de sus guiones, de esa especie de teatro sentimental por encima de la realidad, en donde cada Autor domina los hilos de sus personajes, como el Analista desde la escucha dirige la cura. Con todo, surge en los senderos de este recorrido, también la pregunta por el lugar del otro. El analista “no” elige a sus analizantes, aquí podríamos tomar el concepto de transferencia imaginaria para ampliar, pero ¿y en el caso del autor y su obra, como llega a su público?

Las psicopatologías de la vida cotidiana pueden interrumpir como hechos nimios para quienes experimentan estos actos, en cambio otros se sirven de estas desestimadas operaciones, como el hilo a la aguja que permite coser el argumento central de sus obras.


[i] Me hice canción. La Renga. Album El Revelde. 1998

SILVINA FONDRA.

EFLA* La Escuela Freud –Lacan de La Plata es un espacio que hemos construido, por el deseo en acto, un conjunto de analistas reunidos en torno al quehacer clínico y al estudio del psicoanálisis. El lazo social entre analistas es el que posibilita el trabajo, el intercambio y la puesta a prueba del psicoanálisis y de la formación de cada uno. 
Como un conjunto abierto la escuela se constituye en una lógica del “no todo”. Y es el análisis de cada analista como un analizante lo que permite analizar, teorizar, trabajar los conceptos, enseñar y producir. Los invitamos a interiorizarse de lo que en la escuela se dice y se escribe, se enseña, se hace y se produce. https://www.efla.com.ar/index.html

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