17 de abril de 2021

Los cuerpos partidos. Álex Chico

«una aguda reflexión sobre el lenguaje, la memoria y la escritura como herramientas para reconstruir a un ser ausente» su abuelo. El desarraigo de una década, donde muchos trabajadores españoles abandonaron su lugar de origen y buscaron empleo en Europa, procurando forjarse un destino diferente al predeterminado. Manuel Chico Palma, el abuelo, un protagonista que proporciono los significantes a quien cuenta, dejando las huellas que representan al escritor, pero también seguramente al lector.

Una novela, un ensayo, guiado por lo ecos de una ausencia que testimonia una época, una historia tan propia como ajena. Las resonancias de los fragmentos que encuentra el autor para urdir la vida de su abuelo, bordean las versiones oídas. Relatos que le permite nombrar y establecer relaciones entre palabras e imágenes, entre las palabras y el tiempo, entre las palabras y el espacio.

«el lícito echar mano de los mecanismos de la ficción para transformar a una persona real en un simple personaje» se interroga el autor. ¿Es posible que una torsión conceda la oportunidad de apropiarse de aquello que hace a su novela familiar?

Cuenta el autor que escuchó que su abuelo era el único que sabia escribir, dentro del grupo de los españoles del pueblo de donde precedían, y que por eso se encargaba de redactar algunas cartas en nombre de sus colegas. «A menudo he pensado en esa escena, en las confidencias que fue transcribiendo, en el tono con el que fueron expresadas. Todo un universo al que él entraba casi por obligación, como un mensajero o un individuo de piedra. Solo escribir lo que otros decían.

(…) ¿Escuchaba lo que le decían o simplemente se limitaba a seguir al pie de la letra lo que iba oyendo? ¿Intervino en esas cartas? ¿Ayudó a escribirlas? (…) Me pregunto si añadió frases o palabras, si terminó de dar forma a los mensajes que le dictaban…»

Un interrogante que retorna en la tensión de un tour impreciso de apuntes vagos por la historia que recorta de relatos contados, de viejas fotografías, de lugares visitados. Una lectura traduce desde lo imaginario esos fragmentos, una transcripción que sostiene un punto de identificación con su abuelo a la hora de transformar en respuesta esas emociones ajenas. Algo no cesa, «inventar a un hombre que quizás sea su abuelo.»

Reseña: Silvina Fondra

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